Del laberinto de soledad al camino compartido

Daniel Garcia Blanco

Translation(s):
Du labyrinthe de la solitude au chemin partagé

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Daniel Garcia Blanco, « Del laberinto de soledad al camino compartido », Revue Quart Monde [Online], 255 | 2020/3, Online since 01 September 2020, connection on 24 October 2020. URL : https://www.revue-quartmonde.org/10050

Durante los últimos cuatro años el tema de la salud ha ocupado un lugar central en los diálogos y reflexiones colectivas de muchos miembros de ATD Cuarto Mundo España, al que se han sumado profesionales del ámbito sanitario y social interesados en la mirada que sobre esta cuestión podían aportar las personas con experiencia de pobreza. Primero, dentro del proyecto Comunidades Activas en Salud, inspirado en la dinámica del Cruce de Saberes y Prácticas y financiado por Madrid Salud, organismo responsable de la salud pública y comunitaria en el Ayuntamiento de Madrid; después, en el marco de un Seminario de Innovación en Atención Primaria titulado "Pobreza y salud. En clínica, en salud pública y en la sociedad".

Aunque en los diferentes momentos de esta trayectoria han participado muchas personas, el núcleo central del diálogo se ha ido construyendo a lo largo de los años en torno a un grupo de 20 personas, de las cuales 8 eran personas con experiencia de pobreza y el resto profesionales. La estabilidad de este grupo a lo largo de las distintas fases ha permitido avanzar de manera significativa en dos dimensiones: por un lado, profundizando en un diagnóstico común en torno a la cuestión de las barreras y apoyos que encuentran quienes viven en pobreza para el cuidado de su salud; por otro, poniendo de relieve el valor de la experiencia y el conocimiento de las personas que viven en pobreza, algo que ha quedado claro tanto para ellas mismas como para los profesionales que han participado. Como comentaba una de estas profesionales en las últimas sesiones de trabajo conjunto:

Yo lo que he aprendido en estos años, escuchando a las vecinas que han participado, es que hay cosas fundamentales sobre lo que supone vivir en pobreza que yo no conozco, y que posiblemente nunca llegaré a entender del todo, al no haberlo vivido. Y por eso es fundamental que ellas puedan tomar la palabra, ellas tienen ese saber.”

Oscuridad y herida

De hecho, este ha sido el eje central del proceso: entender mejor qué es la pobreza, cómo afecta a la salud y cómo poder establecer relaciones de apoyo entre profesionales y personas afectadas para ir más allá del desencuentro, la impotencia y la frustración.

Más allá de la falta de recursos (alimentación, ingresos, vivienda, etc.), quienes conocen la pobreza en primera persona han identificado a esta con la oscuridad:

Nos vemos desvalidos, sin ideas, sin saber lo que hacer, sin saber como solucionar… desamparados en una oscuridad en la que no se ve una salida. Es como un laberinto de soledad”.

Al mismo tiempo, esta oscuridad se acompaña de una sensación de herida profunda, que además se agrava muchas veces por intervenciones que se supone que deben ayudar:

Contar la historia duele, te recuerda cosas que te dejan la carne de gallina. Si explicas tu vida cada dos por tres, cada vez que vas a una trabajadora social, que vas a un médico, lo que sea… Es una herida que se abre, y que no tiene porqué abrirse. Eso es muy doloroso, y es que encima se te abren otras, sales peor. Explicar todos los días, todas las situaciones… Tenemos una herida que curar, que hay que cuidar pero no remover, para no dejarnos encerradas en ella. Queremos avanzar, soltar lastre del pasado, no repetir.”

Por eso, uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es el de las relaciones de poder que se establecen entre profesionales y personas que van a solicitar apoyo por encontrarse en una situación muy precaria:

“Te juzgan como si no lo estuvieras haciendo lo suficientemente bien, todo el esfuerzo que haces solo lo sabe quien está pasando por lo que tú.”

De esta manera, la pobreza se identifica con una oscuridad y una herida que enferma y destruye por las relaciones que se establecen en torno a ella. Y en vez de afrontar esta realidad, muchas veces la única respuesta que se da es la culpabilización de quien la sufre y, en todo caso, la medicalización, que muchas veces en vez de liberar, encierra aún más:

“Muchas veces juzgamos y no nos acercamos. José es una bellísima persona, y sí, tiene problemas con el alcohol, es evidente. Todos los podemos tener. Muchas veces la pobreza te lleva a abandonarte, cuando no tienes trabajo, no tienes dinero, tienes impotencia… Llega un momento en el que, para evadirnos un poco, para tener ganas de sonreír, para relacionarte con los demás, te tomas unas cervezas un día, otro día… eso hace que vayas cogiendo una rutina y al final te vas echando a perder.

Cuando José va al médico y le ven que no está bien aseado y se nota que bebe… ¿cómo le pueden coger y decir sin más: “no tienes que beber”? El médico no sabe las circunstancias en las que vive José, no se plantea por qué esa persona llega como llega. Él no se va a preocupar de tus problemas, o de si vienen desde la infancia. Él lo que ve es que tú eres una persona dejada. Es muy fácil decirte “deja de beber”. Pero luego eso lleva unos problemas que el médico no ve. Te dice que si haces lo que te manda vas a ponerte bueno. Pero no te vas a poner bueno. Te van a venir el síndrome de abstinencia, los ataques epilépticos, el mal humor, muchísimas cosas. El problema se te hace muchísimo más grande, aparte de la depresión que tienes por las circunstancias en las que vives, eso… sal luego a la calle e intenta sonreír…

Muchas veces lo quieren resolver con una medicina. Pero con la medicina te quedas más apagado, no te resuelve el problema que tienes. Te deja sin fuerzas, es como si te diera igual todo. Cuando tú estás con rabia porque no puedes vivir por ti mismo, porque no puedes dar nada a tus hijos, por cualquier cosa, si encima para quitarte esa rabia te dan una pastilla te dejan más hundido todavía. Dices: “ya no puedo hacer nada”. Ya no tienes ni la rabia de intentar luchar. La medicina te la quita y te deja muchísimo peor.”

Vulnerabilidad

Las profesionales que han participado reconocen las dificultades que tienen cuando se encuentran frente a frente con la pobreza:

“No es fácil saber que tus pacientes lo están pasando mal y no tener claras las herramientas para ayudar. Es más cómodo vivir de espaldas a esta realidad. Desde el mundo sanitario tenemos que romper con esta dinámica, saltar al vacío y empaparnos de la realidad de nuestros pacientes.”

“La pobreza pone en evidencia nuestra vulnerabilidad. La vulnerabilidad del otro me enfrenta a mi propia vulnerabilidad. A veces me escondo bajo mi bata, mi fonendo, mis herramientas de trabajo, sin ellas me siento desnuda.”

¿Qué se puede hacer entonces? Las vecinas y profesionales participantes en este proceso señalan como clave el estar dispuesto a mancharse de realidad, escuchar y ver más allá de lo aprendido en los libros:

“Hacemos lo posible para que nuestros hijos no se den cuenta de que son diferentes a los otros, para que no se les señale. Pero cuando no tenemos ningún tipo de ingreso nos hacen decir que no a todo lo que nos piden nuestros hijos: quiero ir a una excursión, quiero ir a una actividad extraescolar, quiero comprar no sé qué material... En una ocasión mi hija se quedó casi calva en 15 días, perdía pelo, y la llevé a la pediatra. Le hizo una analítica a ver si era pérdida de hierro, pero el hierro estaba bien. La doctora tuvo buen tino y le preguntó si tenía algún problema. De primeras dijo que no, pero al final dijo: “es que yo siempre fallo en el cole”. Me quedé muy sorprendida, porque ella saca buenas notas. “Siempre me piden un montón de cosas y no puedo llevarlas, y mis compañeras se ríen de mí”. Se echaba la culpa a sí misma de lo que le pasaba a su familia. La doctora supo encontrar qué ocurría, pero me preocupó que en el colegio no lo hubieran detectado. Si ven que mis hijos no llevan el material y que no van a las excursiones, estando los dos en el mismo centro, ¿cómo no se dan cuenta de que estamos teniendo una dificultad?”

Experimentar nuevos espacios de encuentro

El cambio que lleva a mancharse de realidad implica mejorar la comunicación para superar las barreras que la limitan y apostar por una formación vivencial que lleve a ponerse en los zapatos de la otra persona. Sin embargo, no basta con estas modificaciones en el espacio más individual, sino que hay que dar el paso hacia la creación de nuevos espacios de encuentro que favorezcan un caminar común:

Vecinas y profesionales hemos de caminar juntas y trabajar para la mejora de la salud. Eso requiere esfuerzo por ambas partes, escucha y situarnos de igual a igual para poder responder mejor a las necesidades.”
“Hay que inventar cosas nuevas más allá de la consulta, hay que darle a la cabeza y hacer juntos. Eso nos va a ayudar a quitar la estructura de poder que el sistema nos ha ido colocando. Si hacemos algo nuevo y lo hacemos entre todos se supone que podrá ser un espacio más horizontal.”
“Que nos podamos comunicar para que podáis entender cómo nos sentimos para así podernos ayudar mejor, y nosotros entender mejor cómo llega vuestra ayuda, y que no quede como que tú estás por encima de mí, que seamos de tú a tú.”

Este, en realidad, ha sido el mejor resumen de lo que durante estos cuatro años hemos tratado de poner en marcha: un esfuerzo por entendernos mejor mutuamente, por reconocer lo que cada cual puede aportar para poder así comenzar un camino conjunto. Como decía un militante:

La preocupación común que estaba ahí nos preocupaba a todos los que hemos participado. Todos hemos manifestado esa inquietud que tenemos: hemos podido unirnos en un propósito que nos afecta a todos.”

En este tiempo hemos comprobado que el diálogo entre profesionales, vecinas y vecinos en situación de pobreza no solo es posible, sino que nos permite aprender claves fundamentales para el cuidado de la salud en todas sus dimensiones. Esta es nuestra esperanza para seguir luchando por cambiar la sociedad, el hilo del que poder agarrarnos, la dirección para poder avanzar.

Daniel Garcia Blanco

Daniel García Blanco recogió las aportaciones de Elena Barahona Ruiz, Paloma Calero Adán, Jesús Cortés Heredia, Fátima Cortés Fernández, Samira Karmoum, Mariangeles Martín Martín, Olga Nieto García, Carmen Rodriguez Fernández y Estrella Sánchez Gamborino. Todos son miembros de ATD Cuarto Mundo en España.

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